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Sin duda son Montehermoso, Ceclavín y Torrejoncillo los pueblos de mejor y más variada artesanía, el primero con los trabajos relacionados con el traje típico y el conocido Gorro de Montermoseña, los cencerros y la elaboración artesanal de campanas. Ceclavín con sus maestros orfebres y ceramistas alfareros. En Torrejoncillo, tinajeros y alfareros que con su saber hacer tienen un amplio mercado, seguidos de zapateros, orfebres y bordadoras del pañuelo del gajo”, mantón típico torrejoncillano bordado con lentejuelas, cordoncillo y abalorios. Nuestro patrimonio cultural es bien diverso, especialmente rico en oficios artesanos algunos casi en el recuerdo como los de hojalatería, otros que perviven como la constante elaboración de trajes típicos en las localidades y la cestería y trabajos alfareros. Artesanías casi en el olvido pero importantísimas para conocer la Historia artesana de la comarca como los antaño famosos telares de Torrejoncillo………otras artesanías han sabido adaptarse a los tiempos modernos como la forja, y convivir con elementos de diseño.
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En este recorrido por nuestra cultura, de lo popular llegamos a lo histórico. Dejando aparte Coria, es Galisteo el conjunto más destacado. Su original muralla musulmana del s..XI., realizada enteramente con cantos rodados del río Jerte, acoge a la Iglesia de Santa María con un curioso ábside mudéjar, un castillo reconvertido en un palacio renacentista y conocido secularmente como la Picota y un caserío de interés. Un bello puente del s. XVI se inserta en un acogedora zona de baño, poco antes de alimentar al río Alagón. Puentes y aceñas son abundantes a lo largo de su curso, como no podía ser de otro modo en una zona tan antigua y persistentemente humanizada. Ya hablamos de la antigüedad de algunos yacimientos, ya en periodo histórico es Coria quien nos muestra una secuencia mas amplia, pero no podemos obviar la fortaleza de la Orden de Alcántara en Portezuelo : es una estupenda puerta de entrada a la comarca, a la vez que uno de sus miradores mas bellos. Este castillo, conocido como Marmionda por sus vecinos, tiene un panorama visual tan amplio que comunicaba, de norte a sur de la provincia, otros de Sierra de Gata y Coria con los más cercanos a Cáceres. No lejos de Portezuelo, por carretera o por atractivos caminos rurales, podemos llegar a Pedroso de Acim, en el que encontramos el convento del Palancar. Es la expresión y símbolo de la reforma franciscana, donde su fundador, San Pedro de Alcántara, quiso dejar lo más evidente : la pobreza de su muros y sus dimensiones lo hacen una obra única, el más pequeño de la cristiandad. Encontramos iglesias de buena factura en Montehermoso, Torrejoncillo……,con valiosos retablos como es el caso de Guijo de Coria; elegantes en Pozuelo de Zarzón, rurales en Morcillo, Portaje, Casillas de Coria o Casas de D. Gómez, y numerosas ermitas, generalmente pequeñas y encantadoras abundantes en Torrejoncillo (donde existen cuatro); representaciones importantes también en Guijo de Galisteo, Calzadilla o Pozuelo de Zarzón; desatacar el caso de la original ermita de Nuestra Sra. de Argeme (Coria) que no se deja eclipsar en encanto por la majestuosidad de la Catedral.
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Lo que mejor caracteriza nuestra cultura culinaria es el gusto por el sabor natural de unos productos nacidos y tomados de la propia tierra. De elaboraciones sencillas, aquí encontramos la mayor parte del repertorio gastronómico extremeño : Chanfainas, migas, escabeches y mojos de peces, sopas de tomate, gazpachos, pistos, revueltos de espárragos y setas, postres y dulces tradicionales con especialidades como las espléndidas floretas, las ligeras roscas de baño, o los dulces de almendra, el “piñonate”, de Coria…….. Los derivados del cerdo son abundantes y sabrosos, desde las morcillas patateras de Cachorrilla, Morcillo y Carcaboso, los lomos adobados de Aldehuela de Jerte, el quico de Coria, o el variado repertorio de las industrias artesanas de Torrejoncillo y Pedroso de Acim. Los platos de matanza como la Rana (carne fresca asada) de Pescueza o el ovan de Cachorrilla (contundente desayuno de sopa de sangre y pan), los guiso de toro en Coria y los de “burranco” en Calzadilla, conviven con una cocina cada vez más elaborada y actual, que recoge tradición y productos de la zona para transformarlo en especialidades gastronómicas de sabor autóctono.
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